martes, 21 de octubre de 2008

Hurtos... y otras tropelías


Las vacaciones se han terminado. Ha sido un paréntesis necesario pero la verdad es que ya tenía ganas de volver a dar el callo, que estas cosas como se dejen de lado es difícil recuperar el ritmo. Como ya os adelanté me he ido de viaje por Francia, aunque mi ambición me ha llevado a extender la aventura a Italia: sí, San Remo. De todos los destinos ha habido uno en particular que me ha dado mucho que pensar: Mónaco. Resulta extraño pasearse por una ciudad (pueblo por su tamaño, pero el glamour impide darle tal acepción) donde los Ferrari son tan habituales como los SEAT en Coruña y el que tiene un BMW Serie 3 es que las está pasando putas o que se va de bohemio entre sus colegas (o eso o es el coche de la ama de llaves: sí, en Mónaco siguen existiendo amas de llaves). Un servidor conducía un Golf diesel (con mucho orgullo, a pesar de que casi nos escupían al vernos pasar), se alojaba en hoteles recomendados por una guía de “turismo económico” y se limpiaba los dientes con gel de baño (la pasta de dientes, un olvido como otro cualquiera al hacer el equipaje). Al principio la sensación es de asombro y de curiosidad al 50%, pero pasadas unas horas de ver a la gente tirando dinero en tragaperras, despilfarrando gasolina en hacer macarradas con sus Lamborghinis, y cobrándote los refrescos a 5€ (si buscas bien y encuentras el bar indicado)… pues la cabeza se pone a pensar.. y las manos a trabajar (robo de camiseta de recuerdo incluida). Y es que robar en Mónaco… eso no puede ser delito, al menos para un muerto de hambre como yo. Yo entiendo que alguien se sienta mal por robarle a la frutera de su pueblo o por atracar a los niños a la salida de un colegio (aunque todos lo hemos hecho), pero cuando la dueña de una tienda de recuerdos calza unos Manolo Blanik y te da la hora por su Rolex... pues 25€ por una camiseta para bebes de propaganda del circuito los va a pagar San Cristóbal. No os voy a decir que me sienta orgulloso de haber robado (aunque así sea) pero desde luego “culpable” no se acerca lo más mínimo a la sensación posterior al acto delictivo. Lo peor del asunto es que robar, amigos míos, engancha, y sino que se lo digan al propietario del hotel donde nos alojamos en San Remo. Lo de las toallas es casi un clásico dentro del turista español medio (por supuesto fueron “a la saca”), pero yo ya estaba mirando los cuadros. Al final no lo hice porque me estaba imaginando la conversación con el recepcionista a la hora de abandonar el hotel tras el probable aviso por parte del servicio de habitaciones de los actos cometidos en la habitación:
“Siñore, antes de marchare, podería abrire la sua maletta”
“Mmmm no”
“Ma… per qué?”
“Porque dentro van las toallas y los cuadros y me da cosa que los veas”
En el siguiente hotel, en Marsella, debieron de recibir noticias del personal del hotel de San Remo, dado que nada más entrar en la habitación nos sorprende ver el mando de la tele hábilmente amarrado con un cordel de plástico a la pared. Al principio, y tratándose de turistas españoles (que es lo que éramos), me pareció normal. Pero luego, a ver que el mando a distancia no era universal (lo que significa que sólo sirve para esa televisión) me puse a pensar: ¿de verdad creen estos gilipollas que si alguien tiene cojones para robar la tele y meterla en una maleta entre calcetines y compresas del Carrefour, va a tener problemas para cortar el cordelillo del mando a distancia?
Y para rematar el viaje lo vivido en los Pirineos franceses, en un pueblo perdido de la mano de Dios al que llegué en noche cerrada tras abandonar la autopista (autoroute en gabacho) debido a mi escaso dominio de la adicción por la nicotina unido a la prohibición de la venta de tabaco en áreas de servicio. No os podéis imaginar lo que es llegar a un pueblo parecido al Salem´s Lot de los libros de Stephen King, oír el repicar de campanas a muerto en la iglesia del pueblo (verídico) y aparcar frente a una roulotte donde dos señoras cocinaban pizzas robando la luz de la farola adyacente. “¿Dónde puedo comprar tabaco?”, pregunté tras explicarles que era español, en una delirante conversación donde tuve que referirme a iconos como Fernando Alonso o el Camino de Santiago para hacerme entender. “Sé fermé” (no sé como se escribe pero en cristiano viene a ser que “esta cerrao”). Resulta que en Francia a partir de cierta hora no se vende tabaco (habrán comprobado que se joden más los pulmones por la noche o algo así), pero a un adicto como yo la legislación no le frena el ansia por un pitillito, así que me adentré en el pueblo en busca de un traficante de cigarrillos. No se cómo acabe dando tumbos por en medio del velatorio que daba sentido a las campanadas, con una cara de zombi más creíble que la del homenajeado en dicho evento. Aun así, por alguna razón me daba cosa pedirle tabaco a la viuda así que volví a la roulotte de las usurpadoras de la energía eléctrica municipal, que muy amablemente me invitaron a un cigarrillo tras piropear la capital de mi país, que según ellas era Barcelona. En ese momento, viendo su nivel de conocimiento de mi cultura e idioma, supuse que de la anterior conversación habrían deducido que me hago llamar Fernando Alonso y que estaba haciendo el Camino de Santiago (evidentemente creerían que no tengo un buen sentido de la orientación, y que sobreestimo mis habilidades al volante). Si os digo la verdad… toda esa ambientación lúgubre (casi terrorífica) nos dejó acojonados durante todo el viaje de vuelta (grito de terror adolescente desproporcionado en los baños de un área de servicio de Irún incluido). Ahora, en casa, ya me siento a salvo… pero no paro de mirar de reojo los pocillos del dinero de las propinas en los bares y miro pensativo la farola que cuelga al lado de mi balcón. Y es que viajando se aprende mucho…

Y para vacaciones animadas las de Richard Prior en África. Echadle un vistazo a esta rutina de uno de los clásicos del Stand-up comedy:

2 comentarios:

Salomón dijo...

Mamón!

Yo he estado en Mónaco, San Remo y el sur de Francia... y no he robado nada!!!

Bien es cierto que me llevé un albornoz en Helsinki, pero ese es otro tema.

Bienvenido al club de los que han terminado definitivamente sus tardías vacaciones!

Dani Rivera dijo...

Y tan terminadas...

Tienes que rematar esa hora para hacerte bolos como el de Palma de Mallorca. Una gozada!!! Y los dueños son un encanto.

Un abrazo!!!